PAISAJE DE LOS SENTIDOS
por L. N. Aguilar. G correo: gentesensata@att.net mx
El mundo se compone de una vasta variedad de seres
vivos, tan diversos como los climas y parajes que cubren todas las latitudes
de la tierra. Habitamos en un espacio que se divide según sus características,
en el pantano, la llanura, el valle, los cerros y la montaña. El sentido
que le damos, a cada una de las necesidades, en conjunto con la cultura local,
van a determinar nuestra capacidad de adaptación. Algunas personas
no le encuentran sentido a lo que están haciendo, se sienten incómodos,
buscan a fuera de si mismos las razones de su descontento, unos buscan en
su interior las solución, el delicado equilibrio que existe entre la
realidad que nos rodea y nuestra propia interpretación nos da el sentido
que le otorgamos a nuestra experiencia.
Dialogar con nuestros sentidos, escuchar nuestros miedos,
aceptar los riesgos y pagar las consecuencias es parte de adquirir experiencia.
La herramienta mas dinámica que existe, poseer mucha experiencia, equivale
a cometer varios errores, no debemos lamentar nuestro pasado, aceptando nuestra
responsabilidad contribuye a la posibilidad de hacer las cosas de otro modo
para abrir no una sino varias oportunidades. En vez de cerrarnos a la vida.
El siguiente relato habla de este esfuerzo para permanecer positivos.
En el pantano la sensación de pesadez predomina,
es difícil caminar, está oscuro, nuestra presencia se hace mas
incómoda debido la intensa humedad, nos agobia estar ahí, queremos
salir pero nos perdemos, desorientados caemos cansados de caminar en el fango.
Los árboles están infestados de bichos, nos atacan seres extraños,
nuestra existencia está amenazada por todo cuanto nos rodea, no vemos
ninguna salida. Ahí decidimos que es el fin, nos rendimos; así
nos dejamos morir.
Después de un sueño profundo en el que
nos dimos por muertos, olvidamos el miedo, lloramos sin pena, aceptamos el
fin...la muerte. Convencidos de lo insignificante que somos descansamos totalmente.
Al despertar nos sorprende estar vivos y con mucha hambre, nace un sentimiento
de lucha sentimos nuestro cuerpo llenarse de valor, llenos de miedo nos subimos
al árbol más grande sacudimos a los bichos que se nos atraviesan,
le gruñimos a las bestias más grandes y los confrontamos. Llegamos
a la punta del árbol y observamos el paisaje, identificamos al lo lejos
una llanura, mas allá un valle, rodeado por los cerros y las montañas.
Bajamos al pantano dispuestos a todo, esta vez ya no nos asusta, ya lo conocemos
y ahora nos ponemos en marcha en la dirección de la llanura, no conocemos
la llanura pero estamos seguros de que ya no nos gusta vivir en el pantano.
Esa es la manera de salir de cualquier situación
con decisión, naturalmente también es la forma en que nos sacudimos
la depresión. Hacemos un inventario de la situación y comprendemos
que ya le invertimos demasiado, es hora de hacer otra cosa... de aprender
algo nuevo, de crecer, ensanchar nuestro horizonte.
La llanura no está lejos pero
también tiene sus desventajas. Vivir en la llanura nos expone a fuertes
sacudidas del viento, no hay sombras que nos proteja del sol durante el día
y baja mucho la temperatura por las noches. La llanura nos permite ver los
amplios espacios, detectar los movimientos de los depredadores, nos da tiempo
para preparar o planear una emboscada, o hacer un escándalo, no se
atreven a atacarnos. Aprendemos que la visibilidad es una ventaja buena
para sobrevivir. Esporádicamente cruza el llano gente que no se detiene,
va deprisa ¿a dónde?, nos preguntamos. - Al valle nos contestan-.
¿Y qué es eso? Les preguntamos con miedo. – ¡Ah!
Contestan alegres las personas. - Es donde esta todo. - ¿Qué
es todo? preguntamos curiosos. Agua, tierra fértil, mercado, festivales,
gente, mucha gente.
Uno
se imagina caminando feliz entre la gente y con ese sueño concluye
uno; es hora de ir al valle. Decidimos que eso debe ser lo mejor, si tanta
gente lo cree que sí, debe serlo en realidad. No sabemos como, pero
nos dejamos llevar por la magia de las palabras ¿cómo dudar
de algo que no conocemos? Dejamos la llanura en busca del Valle, y ahí
esta la gente, las cosas y empieza la lucha para aprende a trabajar, para
subsistir, para ganarnos la confianza de la gente que necesitamos... conseguir
lo que queremos, creíamos que realizábamos nuestros sueños,
pero lo que nos preocupaba era no quedarnos atrás...ser solamente una
persona del llano.
Años
después... En medio de la sensación de competencia cotidiana,
las dificultades de una convivencia recelosa, de gente tramposa, presenciamos
un sin fin de crueldad innecesaria, sobrevivimos a los abusos y mentiras.
Está uno formando parte del valle; obstaculizando a alguien que quiere
establecerse ahí o tal vez somos de los que tienen misericordia con
el recién llegado y lo guiamos para integrarlo al mundo que llamamos
hogar.
Resueltas nuestras necesidades básicas, cansados de luchar miramos
los cerros y nos percatamos que vive gente ahí, algunos bajan y nos
dicen que allá se sienten bien por que dominan el valle con su mirada
cual si fueran dueños del mismo y todo lo que su mirada alcanza. OH!
La sensación del poder, es lo que nos falta: el poder. Pensamos que
por eso no nos sentimos bien, nos falta el poder, bueno, eso es lo que empezamos
a creer. Pero rápidamente descubrimos que hay que subir el agua que
necesitamos para vivir, no sirve la tierra para cultivar. Bueno, con razón
la gente se la vive subiendo y bajando del cerro. Así conocemos sus
desventajas pero nos preguntamos ¿cuáles son sus ventajas? La
única respuesta es la de dominar la vista del valle o la verdad; yo
necesito darme el lujo de vivir por encima de los demás. No tiene el
mismo sentido que cuando estábamos en la llanura acechando al enemigo
para sobrevivir. Aquí el miedo a la ilusión de quedarnos atrás
es lo que nos motiva.
El
camino a la montaña es estrecho, van y vienen muchos todo el día,
algunas personas se han caído en el camino peleado por el derecho de
paso. Ahora tenemos que cuidarnos de los asaltos en las curvas más
lejanas; que problema tan terrible es el precio de vivir dominado con la mirada
el valle. ¡A pagar el capricho! Más vale no quejarnos, conformarnos
ya no tenemos a donde ir, invertimos todos nuestros ahorros. Tristes por pasar
más tiempo en el camino al cerro, que disfrutando en la casa o la famosa
vista, llegamos tan cansados que solamente queremos dormir. Es cuando conocemos
la decepción, ¿cómo admitir que no valió la pena
tanto esfuerzo?. El precio final es muy caro y negarlo es imposible, evitamos
preguntarnos ¿Por qué lo hicimos?
Un
día nos enteramos que vive en lo alto de la montaña una persona,
que extraño ¿quien será? La curiosidad nos invade como
cuando estaba uno en el llano, es un sentimiento familiar ¿Qué
le sucede esa persona? ¿Cómo hace para vivir allá sin
bajar al valle? Nos llenamos con la misma determinación con que salimos
del pantano vamos en busca de aquella persona. Algo nos pide resolver nuestra
duda, la curiosidad nos provoca imágenes, empezamos a ver la vida de
otro modo, nos inspira respeto, el parece no tener miedo a morir solo, a no
ser reconocido. Tenemos que ver como o que lo llevo allá.
Descubrimos la primera dificultad; no hay caminos hacia ese lugar; segundo,
tenemos que cargar todo para el viaje; tercero, la inclemencia del clima pospone
la salida, envolviéndonos por días en serias dudas. Finalmente
nadie nos quiere acompañar; esto lo tenemos que hacer solos, es personal.
Así que la idea de ir en busca del hombre aquel esta corroyendo con
ansiedad cada instante; muchos años han pasado tiene uno que tomar
una decisión; vivir con la curiosidad en la comodidad de nuestra casa
y la rutina, o aventurarnos y satisfacer nuestra curiosidad.
Optamos
por la segunda, con el entusiasmo del riesgo nos animamos para iniciar la
ascenso una vez que cede el clima, comenzamos muy contentos pero a ratos dudamos,
nos preguntamos ¿Para que se no ocurrió semejante odisea? Tan
cómodos que estábamos en nuestra casita de la vista hermosa.
Después de una muy larga y difícil subida, el impuso persiste,
con mucha dificultad llegamos hasta la casa de aquel señor que nos
recibe con jubilo y alegría. –¡Vaya!—Exclama. ¡Que
poder de persistencia tiene usted! --Bienvenido a mi hogar.-- Nos dice con
una amplia sonrisa. ¿Está usted sólo? Rápidamente
le preguntamos -Sí ¿por qué? nos contesta desconcertado.
--Hace tiempo que admiramos esta montaña y no entendemos porque vive
aquí, ¿Nos permite hacerle unas preguntas? – Si claro
si eso es lo que lo trajo hasta aquí-- ¿de qué vive?
–Bueno, inicia su respuesta muy contento. -No necesito mucho, salgo
a cazar algo de vez en cuando con mi resortera o con flechas que yo mismo
hago ¿quiere que le enseñe hacer una flecha? -Gracias, pero
yo también se hacer flechas cuando vivía en la llanura hacia
las mías. Compartimos nuestra experiencia --Que bien-- también
como pequeñas frutitas y nueces que crecen aquí, agua nunca
me falta, brota del riachuelo, estoy rodeado de leña para calentarme,
cuando hace frió, la casa no tiene ventanas, se calienta durante el
día irradia su calor por la noche, soy auto suficiente. ¿No
extraña a la gente? Preguntamos ansiosos -A la mejor les dé
risa, pero ya me acostumbré nos contesta, y continua platicando muy
alegre.- Mi abuelita decía “A todo te acostumbras menos a no
comer”.